Estamos despiertos

El estado de gracia con el que Aitor Flamingos (Madrid, 1986) se encuentra actualmente es el resultado de una suma aparentemente sencilla: mucho talento y mucho trabajo. Añadamos la honestidad constante, la misma que consigue que sus canciones emocionen sin pasar de largo por ningún oído. Porque las canciones de Aitor suenan como una caricia hecha con el filo de un cuchillo.

 

La búsqueda musical de Aitor ha transcurrido como toda búsqueda que valga la pena: con amor al camino. Rastreando en los archivos nos encontraríamos con un primer Aitor guitarrista en Amset, formación de rock gótico en la que comenzó a curtirse sobre los escenarios y con quien grabó 3 discos de estudio entre 2004 y 2010. Podría sorprender que este sea el punto de partida, pero tal vez provengan de esa época la autosuficiencia con la guitarra y una electricidad que hoy Aitor administra desde la delicadeza.

 

En 2008 nace el proyecto de La Backstage, fundado junto a Adrián Cuenca, una simbiosis a la que se irían sumando más músicos y que supone cuatro años de recorrido claves para entender el germen del Aitor autor, del músico que trata de ensanchar su comunicación con el mundo a través de las historias. Historias que adquieren tantos significados como personas las escuchan. Ya hay magia: Aitor está encontrando su manera.

 

2012, clic. El madrileño se hace completamente consciente de que todas esas cosas que tiene que decir y su sonoridad ya han dado lugar a una identidad que solo tiene sentido dentro de un proyecto en solitario. Pero en solitario no significa sin compañía, y ese mismo año edita el EP Quemando Acantilados junto al batería Pablo Nadal, quien a día de hoy sigue siendo su mano derecha.

 

Comienza a llegar la respuesta del público, de los seguidores que Aitor ha ido ganando desde el lugar más legítimo: los escenarios. Ese mismo público creciente es el que está detrás del exitoso crowdfounding que en 2015 permite la publicación de “Olor a tormenta”, el primer LP del madrileño. Los diez temas de este trabajo ya nos hacen hablar de un estilo flamingo, de una producción llena de matices, de pinceladas de colores y capas de sonidos que no enmascaran, sino que amplifican la esencia de las canciones. La consistencia en directo de este trabajo quedó más que clara en enero de 2016, cuando se presentó en formato banda en la sala Sol de Madrid. Sencillamente, a reventar.

 

Aitor esparció el olor a tormenta alrededor de varios cientos de quilómetros gracias a una gira FNAC por España al tiempo que se acostumbraba a que el público del circuito madrileño comenzase a cantar sus canciones. Es lo que tiene cuidar las semillas. Libertad 8 o El Calvario, referencias de la canción de autor española, se convirtieron recientemente en paradas habituales de una peregrinación que le llevó a protagonizar este febrero los Sábados de Autor de La Fídula, otro de los caldos de cultivo más interesantes de la canción contemporánea en nuestro país. Con estos directos se dio por terminada la etapa de “Olor a tormenta” y toca dar otro paso.

 

Es un buen momento de impulso, de canciones cada vez más penetrantes, cada vez más únicas. Y eso es una buena noticia para las personas que en este país se conmueven con la música, porque esa energía y ese creatividad han desembocado en la reciente publicación de “Los males pasajeros”, grabado en los estudios Pull Push de Madrid entre abril y junio de 2018.

 

La trayectoria de Aitor, al igual que sus canciones y sus directos, nos habla de la búsqueda, del poder sanador de los obstáculos, de las chispas de belleza y de la honestidad de quien se deja la piel en lo que hace. Porque de piel, precisamente, están hechas las canciones de Aitor.

Texto: Alejandro Roura
Foto: Raquel Bretal